Desde los cítricos vibrantes de Neroli Portofino hasta las profundidades ahumadas de Ébène Fumé, Rodrigo Flores-Roux cultiva una perfumería generosa, erudita y profundamente personal.
Nacido en Ciudad de México y formado en Versalles, este perfumista de Givaudan se nutre de la botánica, la historia del arte y la memoria de su país natal para dar a los aromas una dimensión cultural y emocional.
Para él, México no es un decorado al que se recurra para dar un color local a una composición. Forma parte de su vocabulario íntimo, de sus recuerdos y de su manera de mirar el mundo.


